Sobre el salón

 

En 2013 llega a su edición No. 43 el Salón (inter) Nacional de Artistas Saber Desconocer el programa de apoyo al arte contemporáneo de mayor trayectoria en Colombia y, posiblemente, su plataforma más visible.

 

Medellín, elegida por el Wall Street Journal como la ciudad más innovadora del mundo en el 2013, será la sede del 43 Salón (inter) Nacional de Artistas Saber Desconocer (43 SNA), del 6 de septiembre al 3 de noviembre, una iniciativa del Ministerio de Cultura de Colombia, que en esta ocasión se desarrolla en alianza con la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín.

 

La primera edición del Salón se realizó en 1940 y, desde entonces, se ha renovado conceptualmente en varias ocasiones. El 43 Salón (inter) Nacional de Artistas Saber Desconocer introduce una modificación al nombre que se ha mantenido por tradición, por una especie de resistencia a una realidad apremiante que todo lo desaparece.

 

Se trata de la adición (inter), que evidencia la apertura del salón a la escena internacional, ya presente en las dos versiones pasadas, al tiempo que da cuenta del interés por proponer lecturas, y fortalecer diálogos y redes entre la producción artística local, nacional e internacional.

 

La curaduría del 43 Salón (inter) Nacional de Artistas trabajará a partir de dos ejes conceptuales: En forma muy general, una parte de la exposición tendrá que ver con SABER, con la revisión del canon desde los saberes tradicionales, con reconocer la importancia y la actualidad de los saberes ancestrales, de las narrativas de origen, del arraigo. Metafóricamente, SABER resalta la importancia de un contexto específico, de las tradiciones del territorio y los conocimientos que allí se han desarrollado; es andar con paso firme, es la brújula para la supervivencia.

 

Pero la exposición reconoce que paralelo al saber existe un DESCONOCER que acepta la suspensión de significados unívocos y nos permite estar abiertos a la duda, a la ambigüedad, a la incertidumbre que genera la promesa de lo nuevo. Es lo que posibilita el escape, la navegación hacia otros futuros y nuevos presentes. Es la proliferación de caminos, la capacidad de desligarse de lugares específicos y tradiciones, y también el impulso, la expansión necesaria para emprender un viaje sin dirección, para la exploración del inmenso océano, la selva o el espacio sideral de lo desconocido.

 

Saber y desconocer son dos conceptos aparentemente contradictorios pero que se unirán en el Salón para que, como en un oxímoron, generen un nuevo significado. En breve, a lo largo de la exposición algunas obras operarán bajo el concepto SABER, otras bajo DESCONOCER y entre las dos habrá una tercera categoría que, como un chamán, reconciliará la dicotomía entre lo que sabemos y lo que desconocemos, a través de vectores, trayectos, tensores y otras metáforas de mediación similares.

 

El 43 Salón (inter) Nacional de Artistas Saber Desconocer estará conformado por varias exposiciones colectivas y una serie de proyectos individuales de artistas, algunos de los cuales fueron comisionados específicamente para esta ocasión. De esta forma, el Salón reunirá tanto obras ya existentes como nuevas obras, de 108 artistas colombianos y de otras nacionalidades, que serán presentados simultáneamente en cuatro espacios de exhibición de la ciudad de Medellín.

 

Breve historia del Salón

 

1940s – 1960s

 

Hace 73 años, en octubre de 1940, Jorge Eliécer Gaitán, Ministro de Educación, y Eduardo Santos, Presidente de la República, inauguraron el primer Salón Anual de Artistas en Colombia realizado en la Biblioteca Nacional en Bogotá.

 

En el discurso de apertura, Jorge Eliécer Gaitán mencionó dos roles importantes de la institución que acababa de nacer. Su primer papel consistía en ser un espacio donde el público pudiera “decidir, en última instancia, si hay o no un arte propio”; el segundo, era convertirse en un centro de formación donde los artistas se capacitarían para “juzgar y estimar, con meridiana imparcialidad y sin prejuicio de escuela o de tendencia, el arte de los demás”.

 

Era, entonces, un espacio dual donde las obras eran una especia de bisagra. Eran ellas las que le permitían al público preguntarse sobre si había arte local o no, y a los artistas hacer un ejercicio un poco más abstracto: juzgar la calidad.

 

El Salón Anual inaugurado en 1940 fue la consolidación de dos intentos anteriores de reunir en una exposición lo que sucedía en el arte nacional. El primero de ellos, la primera gran exposición, se realizó en 1886, y el primer Salón de Artistas Colombianos, en 1931.

 

El I Salón Anual mostró 155 obras de 73 artistas, entre quienes había 16 mujeres. “Los jurados eran poetas, embajadores y políticos. Muy pocos sabían de arte. En esa época se impuso la pintura”, dice la artista Beatriz González.  Jaime Cerón, asesor del Área de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, dice que el Salón mostraba “un mundo pequeño en el que sólo se exhibían obras de artistas del interior”, aunque se percibía la necesidad de crear un arte que identificara a los artistas de todo el país.

 

Durante la década de los cuarenta el salón tuvo como sede a la Biblioteca Nacional, con un premio en cada evento; Ignacio Gómez Jaramillo, Carlos Correa y Luís Alberto Acuña fueron algunos de los ganadores. Los nueve salones nacionales que se llevaron a cabo entre 1940 a 1952 fueron el escenario de un relevo generacional. El evento vió el ocaso de la pintura académica de principios de siglo XX, la consolidación de los artistas que buscaban un arte americano y la llegada de los artistas modernos.

 

Durante las décadas de los 50s y 60s, el Salón Nacional se mudó al Museo Nacional y aunque se interrumpió durante la dictadura del General Rojas Pinilla, el arte siguió evolucionando en galerías comerciales como la Bucholz, El Callejón y la Galería Centrales de Arte.

 

En está década se gestaban cambios importantes. Los Salones comenzaron a mostrar obras de arte moderno y aumentaron los medios participantes, ya no había solo pintura y escultura sino que entre las nuevas categorías había dibujos, grabados y cerámicas. Otro hecho clave de este período fue la aparición de una crítica de arte especializada, con personajes como Marta Traba, Walter Engel, Casimiro Eiger, y publicaciones dedicadas al tema, como Prisma (1957) y Plástica (1956/ 1960).

 

Muchos de los artistas que hicieron parte de los salones empezaron a ser reconocidos a nivel nacional e internacional. Durante estas décadas participaron y fueron premiados Eduardo Ramírez Villamizar, Fernando Botero, Alejandro Obregón, Édgar Negret, Enrique Grau, Norman Mejía, Beatriz González, Pedro Alcántara Herrán, Álvaro Barrios, Luis Caballero, Santiago Cárdenas, Feliza Bursztyn y Carlos Rojas, entre otros. Beatriz González confiesa que no fue la misma luego de ganar un segundo premio especial, en la categoría de pintura, en 1965, durante el XVII Salón Nacional. Un año después, el Salón se trasladó nuevamente, esta vez a la Biblioteca Luis Ángel Arango.

 

 

1970s – 1990s

 

En 1970, durante el XXI del Salón Nacional, el jurado venezolano Juan Calzadilla dicta una sentencia de muerte. “Soy espectador de un funeral”, dice,  resaltando la crisis por la que pasaba la institución. El mórbido comentario tenía razón de ser: los artistas de las décadas pasadas habían dejado de asistir, la organización decidió hacer el salón cada dos años y los premios fueron suspendidos.

 

En 1976, como respuesta a esta crisis, se crean los salones regionales con la misión de descentralizar el evento, permitiendo la participación de muchas más personas. Esta fue la década del arte conceptual y el hiperrealismo. La fotografía se premió por primera vez. Algunos de los artistas participantes en los Salones de esta década fueron Beatriz González, Alfonso Quijano, Bernardo Salcedo, Antonio Caro, María de la Paz Jaramillo, Clemencia Lucena, Juan Antonio Roda, Álvaro Barrios, Santiago Cárdenas, Antonio Caro, Juan Camilo Uribe, Fernell Franco, Grupo El Sindicato y Alicia Barney.

 

La sentencia de Calzadilla se anticipó una década a la realidad, los Salones fueron cancelados entre 1980 y 1985 para replantearse su propósito. Aunque el de 1985 se realiza en Bogotá, fue en esta década cuando el Salón comenzó a recorrer el país. En 1987 se realiza en Medellín, en el aeropuerto Olaya Herrera, y en 1989, para conmemorar sus 50 años, en Cartagena.

 

En 1990 el Salón regresa a Bogotá y se realiza en Corferias. Los 357 artistas participantes son el mayor número en la historia y el gran número de artistas se refleja en una gran afluencia de público.

 

Durante ésta década el Salón fue testigo del surgimiento de una nueva generación de artistas, entre quienes están Nadín Ospina, María Teresa Hincapié, Luis Fernando Roldán, Wilson Díaz, María Fernanda Cardoso, Rodrigo Facundo, Juan Fernando Herrán, José Alejandro Restrepo y José Horacio Martínez, que se caracterizan por el uso de los medios masivos de comunicación y por el registro de  la apremiante realidad social, económica y política de Colombia, a través de su trabajo plástico.

 

 

Nuevo siglo

 

Con la llegada del nuevo siglo a nivel mundial los grandes formatos de exhibición del arte desaparecen o sufren grandes transformaciones organizativas y conceptuales. Instituciones ambiciosas como el Salón, que pretendía dar un vistazo a la producción de todo un país (“el termómetro del arte colombiano”, lo llamó Marta Traba), fueron reemplazadas por muestras más pequeñas, temáticas y curadas. En Colombia, la idea del Salón como termómetro perdió impulso en parte como respuesta a esos cambios conceptuales mundiales y en parte, por cuestiones más pragmáticas (hacer una gran exposición en Corferias resultó ser demasiado costoso).

 

Así, el Salón cambió de formato y pasó de ser una selección de artistas hecha por un jurado a muestras concebidas por un comité curatorial, articuladas en torno a un eje conceptual. En el 2000 se desarrolló el Proyecto Pentágono, que tenía cuatro nodos: investigación, consolidación de exposiciones, producción y circulación, con el propósito de ayudar y divulgar el arte contemporáneo en Colombia. La muestra Materialismo y Espacios se exhibió en museos de Bogotá, Cali y Medellín, y Actos de Fabulación, una muestra de performance, se realizó en varias sedes de Bogotá.

 

Para la versión 40, en el 2004, fue una investigación curatorial la que escogió los artistas invitados. Se propusieron 14 exposiciones que recorrieron 17 capitales departamentales antes de llegar a Bogotá. Las curadurías fueron seleccionadas por los Comités Regionales de Artes Visuales, constituidos por representantes de las entidades culturales y académicas de las siete regiones: Centro, Oriente, Sur, Pacífico, Orinoquía, Caribe y Centro Occidente.

 

El 41 Salón Nacional ¡Urgente! se realizó en Cali, con una curaduría de Victoria Noorthoorn, Oscar Muñoz, Bernardo Ortiz, José Horacio Martínez y Wilson Díaz. Fue un Salón de gran envergadura que se nutrió de dos afluentes: los 12 salones regionales realizados el año anterior, e invitados internacionales y nacionales. El Salón fue una amplia muestra distribuida por el equipo curatorial en tres exposiciones (Imagen en cuestión, Presentación y representación y Participación y poética); tres temas urgentes para el arte, que abordaban tanto los artistas colombianos como los artistas internacionales invitados.

 

Además de las exposiciones, el Salón incluyó la 7ª edición del Festival de Performance de Cali (organizado por el colectivo independiente Helena Producciones e integrado al Salón); un programa pedagógico-artístico, organizado por las facultades de arte de la ciudad, y actividades paralelas, como conciertos, conferencias, mesas redondas y proyecciones.

 

El siguiente Salón Nacional de Artistas, el número 42, se tituló Independientemente y se realizó en la costa Caribe colombiana, con distintas muestras en Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. El equipo curatorial Maldeojo propuso ver al Caribe como una región con su propio desarrollo. La idea de Independientemente era, de un lado, activar las curadurías regionales dándoles la opción de proponer a algún artista que realizara talleres en una comunidad de la región Caribe, y, de otro, El Encuentro de Lugares, en Cartagena, un evento de una semana para hablar de arte.

 

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