Rodríguez, Abel

abelrodriguez

Ciclo anual del bosque de la Vega, 2005. Serie de 12 acuarelas sobre papel, 50 x 70 cm.

 

ABEL RODRÍGUEZ (Colombia, 1941)

 

Indígena nonuya del medio río Caquetá, de la Amazonía colom­biana, conocedor y experto en el mundo de la cestería (canastos, balays, chinchorros, cernidores). Con una trayectoria de más de quince años como investigador de la botánica del Amazonas y del sistema clasificatorio local de árboles y plantas, Abel Rodríguez ha sido fundamental para el desarrollo de investigaciones científicas botánicas, las cuales son complementadas con sus conocimientos tradicionales de la fauna y flora local. Conocido como “el nombrador de plantas” Abel ha ilustrado más de cuatrocientos árboles del Amazonas. Sus dibu­jos y artefactos conjugan el ojo conocedor de las particularidades y propiedades de la naturaleza y el ejercicio clasificador moderno.

 

Entrevistador:  Oscar Roldán-Alzate

 

OR: Don Abel Rodríguez, usted es un maestro conocedor de la naturaleza y desde hace tiempo también le ha ensenado a muchos. ¿Cómo fue su formación, como llego a ensenar a otros?

 

AR: Eso es como todo: todos somos alumnos que nos metemos a aprender cosas de la vida para el diario. Yo como a los seis años empecé a enterarme de las cosas y a escuchar de los centrales [que son los conocedores], me fui acercando a donde había conversa.

En ese entonces, cuando yo era guambito (niño) escuchaba y aprendía de un abuelo que se llamaba David (Ganaacqi en lengua muinane) de 60 o 70 años que conocía y me ensenaba de nombres, usos y mantenimiento de los árboles. Todos los saberes los aprendí de él. Después yo dentro de mi comunidad era, como se dice, “profesor”; me toco ir acomodando las ideas para que los otros aprendieran y entendieran. Como yo sabía historias, cuentos, formas de hablar y también sabía hacer seguimiento de procesos, la gente me escuchaba y me vieron como conocedor. Luego llegaron los investigadores de Tropenbos y me escogieron como profesor de los investigadores. Ahí tuve que ensenarles los nombres de los árboles, de las plantas medicinales y no medicinales, de los suelos, sus usos, duración y necesidades.

 

OR: En este ejercicio de ensenar hay también la dificultad de contar algunas cosas. ¿Qué le enseno el abuelo David que sea difícil de transmitir?

 

AR: No puedo ensenar la parte del “secreto”. La parte secreto no es necesario mencionarla, uno mismo la sabe. Esa parte queda como con las defensas de uno para controlarla uno mismo y eso no lo puede saber nadie más. Ni los que fueron maestros de uno pueden saber los secretos de uno ni uno los de ellos, por algo se llaman “secreto”. Con secretos me mantengo; permanecen a nivel espiritual, son un espacio de conexión con el espíritu de uno.

 

OR: Háblenos de la importancia de sus dibujos para ensenar a otros lo que sabe. ¿Cuándo y bajo qué circunstancias conoce y emplea el dibujo?

 

AR: Como todo mundo, yo empecé a dibujar, a pintar o a sacar figuras. Tuve un acercamiento más cercano [al dibujo] cuando estuve con los misioneros en la Chorrera, en ese tiempo me gustaba sacar figuras de animales o arboles pero no tenía práctica, [entonces era difícil]. Ya después de ser viejo como se dice, estuve trabajando con Tropenbos y allí comencé a dibujar de lo que yo sé, de lo que habito. Yo daba los nombres [de los

árboles y plantas] a los investigadores y los ensenaba también en dibujos.

El dibujo es sacar un pensamiento que uno tiene, sacar la figura para que sea vista y que sea una real figura que uno tiene en palabras, en pensamiento y uno “eso” lo saca en figuras.

 

OR: Observando su obra es posible ver la importancia de los árboles. Es como si a partir de estos usted contara las historias de la selva. ¿Podría hablarnos sobre la obra El origen del árbol de la vida?

 

AR: El mito de ese árbol es fundamental, profundo y céntrico porque ese no es de este momento, de esta figura sino cuando no hubo nada, cuando el tiempo y el espacio eran puros, vacíos. En ese momento ese árbol se llama árbol pero era vida del creador. Ese es un primer mundo que apareció en ese momento. El fruto de ese árbol es todo lo que en este momento tenemos a la mano, ya cosechando, sembrando y haciendo lo que uno hace. Ese árbol era el creador; otros dicen Dios, de ahí fue que aconteció la vida de la humanidad, la vida del espacio acuático, por todos lados, todo de ahí desprendió. Para nosotros dice así: cuando el creador bajo, saco esas figuras donde estamos viviendo o que estamos viendo; en ese momento el árbol quedo visible.

 

Lugar de exposición: Museo de Antioquia