Ospina, Lucas

LucasOspina

Cortesía del artista.

 

LUCAS OSPINA (Colombia, 1971)

 

Profesor, Universidad de los Andes. A veces dibuja, a veces escribe.

 

Entrevistadora:  Mariangela Méndez

 

MM: ¿Cómo se sabe cuándo se sabe dibujar?

 

La Muerte del Dibujo

El juicio pandémico que dictamina “la muerte del arte” o “la muerte de la pintura” no parece haberse extendido al dibujo. Sobre “la muerte del dibujo” nadie se ha pronunciado, por el contrario, se lo exalta, una y otra vez, con gran efusividad. La frase “Colombia, país de dibujantes” es recurrente y pareciera que a cada generación de artistas, educadores, críticos, curadores, y galeristas, nos es dado, por gracia de un olvido histórico, un instante de epifanía bajo el concepto del dibujo; y luego, deslumbrados por el descubrimiento, procedemos a dar forma a tan reveladora experiencia en exposiciones, textos críticos —y panegíricos— y programas de docencia y de comercio, en los que solamente parece importar que las cosas se asocien a las bondades de un medio: !el dibujo!

El dibujo permite que algunos artistas consideren dibujar como un acto similar al de firmar, es decir, como algo propio; de esta manera recuperan para ellos cierta noción de autoría sobre sus obras y con gran estilo pueden sobreponerse a esa frase lapidaria de la “muerte del autor” que tanto critico apocalíptico y anticapitalista (y hasta capaz de dibujar) ha profetizado. En esto arte y ley coinciden pues ambos ven en la firma, o en el dibujo a mano que hace una persona, un acto diáfano, confiable y verdadero; sin embargo, así como en la notarias la desconfianza obliga a tomar prenda de las huellas dactilares, es igualmente factible que la crítica de arte vea el dibujo con sospecha. Este ejercicio de la duda parece tener poca incidencia en las universidades o en el comercio; ambos espacios coinciden en proclamar a los cuatro vientos las maravillas del dibujo. En las universidades el dibujo es una de las materias que le permite a los profesores congraciarse con el pasado de la academia y a la vez sentirse actualizados: hablar del “campo extendido del dibujo” o “de dibujar con el lado derecho del cerebro” es un canon compatible a los ejercicios heredados de las Escuelas de Bellas Artes —dibujar bloques geométricos, perspectivas o figura humana— y de un  tiempo para acá, dibujar con puntillas, alambres, sangre, semen, o dibujar sueños, porno, manga, violencia o éter son también instrucciones cotidianas. Por los lados del comercio, el dibujo le permite al galerista congeniarse con ese comprador quisquilloso que todavía muestra cierto apego hacia lo clásico e inseguridad hacia lo nuevo. Usando el artilugio del dibujo como un arte de tradición, la mercadotecnia del arte podrá venderle al coleccionista en ciernes, por ejemplo, un metro de trenza de pelo y también, por supuesto, una explicación; luego, el comprador (un hombre de gusto —tal vez un expresidente—), podrá colgar la obra de arte en su casa y sustentar su adquisición dando a sus amigos una breve pero descrestaste explicación: “esto también es dibujo”.” La verdad —o media verdad, o verdad y media— es que con el dibujo, como con todo, nunca se sabe.

 

MM: ¿El que sabe sabe y el que desconoce…?

 

Hermanos

En un documental un artista que hace historietas y caricaturas muestra su infancia y la relación que tuvo con su familia. En una parte el hermano del artista cuenta como los dos, cuando niños, se inician al mismo tiempo en el dibujo. Cada hermano tiene una serie de historietas y a veces trabajan juntos y se turnan las funciones de dibujante y escritor. Al llegar a la adolescencia algo pasa. El documental muestra como un hermano continua haciendo sus dibujos y llega a ser reconocido como artista —la película es prueba de ello—. El otro hermano, en cambio, comienza a dibujar unas extrañas historietas que lo alejan del género del diseño animado y lo internan en un soliloquio. En una larga y detallada secuencia los diálogos en las historietas del hermano del artista comienzan a ser más extensos y los globos se hacen cada vez más grandes y tan llenos de palabras que terminan por ocultar a los personajes; de una manera lenta y gradual la escritura desborda los marcos y ocupa hojas y hojas de papel, cuadernos enteros; los textos son ilegibles. Un personaje es un representante del “arte bruto” (según la historia escrita por los sabedores del arte) y no puede evitar la pulsión de escribir, de rayar, su impulso lo arrastra a un lugar siempre lleno de palabras donde no hay espacio, silencio o distancia para pensar su arte como lenguaje. Otro personaje, el artista, mantiene las reglas de un género de lenguaje, se enamora y juega de forma constante e insaciable con su ley. El artista muestra, a veces, una mirada comprensiva hacia su hermano y parece envidiarle su radicalismo, siente que su crítica ahora es solo apariencia y que le ha traído tal celebridad que ahora él es el que engaña al mundo y no el mundo el que lo engaña a él. A su vez, el otro hermano ve la habilidad del artista como un triunfo de la cordura, de la fundamentación, y cada nuevo logro de su hermano es una crítica hacia la contingencia de su situación como microescritor malogrado. Pero antes de que la fronemofobia, o miedo a pensar, se apodere de este texto, y pensemos que el saber esta en dejar de saber, es importante anteponer siempre el germen de esta historia: son dos hermanos, se miran el uno al otro, como en un combate, no pueden perderse de vista. El baile entre los dos es una eterna dualidad, una sola danza que traza un dibujo incesante.

 

Lugar de exposición: Edificio Antioquia. Sede Alterna Universidad de Antioquia