Botero, Germán

germanbotero

Lacustre, de la serie “Palafitos”, 2013. Instalación con ensambles en aluminio anodizado y material
vegetal. 350 x 300 x 300 cm. Cortesía del artista.

 

GERMÁN BOTERO (Colombia, 1946)

 

Estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia. En un principio, exploró abstracciones geométricas y luego se expandió a nuevas fron­teras conceptuales y matéricas, desembocando en las complejas formas orgánicas que explora en la actualidad. Gran parte de sus instalaciones aluden a sitios rituales y geografías ceremo­niales y ha instalado estructuras monumentales en Seúl, Shanghái, Pekín, Changchun (República Popular China), en la región Maya de Chetumal (México), San Juan Puerto Rico, Montreal, Resistencia (Argentina) y en Cuba. Vive y trabaja entre Bogotá y Santa Marta, Colombia.

 

Entrevistador:  Javier Mejía

 

JM: Maestro Botero, su trabajo más reciente en el Caribe colombiano ha dado un giro interesante desde lo formal, y se ha enmarcado dentro de lo que conocemos como arte ambiental. ¿Cómo se llega a la obra Lacustre, que vemos en el Jardín Botánico de Medellín en este 43 SNA?

 

GM: Lacustre hace parte de la serie “Palafitos”, y tiene su origen en el proyecto Madreagua, realizado junto a los artistas Oscar Leone (Colombia) y Lynne Hull (EE.UU) en 2010, por invitación del curador Javier Mejía, el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo y Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Conocer en directo el escenario del complejo lagunar Ciénaga Grande de Santa Marta con sus bosques de mangle, su silencio, su horizontalidad y esa gran extensión de agua, me puso a reflexionar sobre ese entorno. ¿Por qué una comunidad decide vivir en medio de un ambiente duro, un poco hostil y lleno de contradicciones? Porque aunque están sobre el agua, se ven obligados a comprar el agua diaria para beber. Nueva Venecia (Municipio de Sitio Nuevo, Magdalena) es un asentamiento muy antiguo, sus primeros habitantes, pobladores de estos lagos, ciénagas y el mar, usaron viviendas lacustres.

A raíz de esta experiencia, quise profundizar el tema de la arquitectura palafítica. En Madreagua se desarrolló un Centro de Visitantes, un espacio público para la comunidad que funcionaba como centro de recepción para el turismo ecológico en la Ciénaga Grande y como espacio de reuniones y de encuentro para la comunidad local de Nueva Venecia.

Posteriormente plantee la realización de otro proyecto dentro de la serie “Palafitos” en la Primera Bienal del Sur en Panamá (2013). En medio de la bahía de Panamá, escenario de arquitectura moderna y poblada por rascacielos, se instaló una obra que aunque no estaba directamente vinculada al agua, si planteaba problemas de tipo ambiental, aludiendo a las mareas comunes en Ciudad de Panamá y el cambio en los niveles del agua y la marea que cada año aumenta por efecto del calentamiento global.

 

JM: ¿Cómo se hace la transición de una obra muy geométrica y urbana a proyectos de arte ambiental?

 

GM: Esta transición de un artista llamémoslo así, modernista, a un artista interesado por temas contemporáneos como el deterioro ambiental, tiene que ver con mi acercamiento al Caribe colombiano. En el año 2004 me fui a vivir a Santa Marta un poco buscando un nuevo universo, ya que siempre he vivido en la zona andina, en Manizales, Medellín y Bogotá. El primer acercamiento con lo ambiental tiene que ver con el interés por la madera, que ha sido un material con el que he trabajado siempre. Empecé a recoger y hacer instalaciones con maderas de playas en Maracaibo, Venezuela. Luego en Santa Marta y Barranquilla, estos trabajos y particularmente el que presento en el 43 SNA, intentan articular ese universo modernista anterior, con la inquietud contemporánea de lo ambiental, en parte porque tenemos la oportunidad de trabajar en el Jardín Botánico de Medellín.

 

JM: La curaduría del salón habla de Saber desconocer, esta obra ¿cómo aborda estos conceptos?

 

GM: Hay un primer saber que se refiere a estas comunidades que viven en palafitos y es un saber que tiene que ver con su arquitectura; estas comunidades de pescadores establecen una relación armónica con su medio, desarrollando por mucho tiempo estos sistemas artesanales de pesca. Pero principalmente me interesa su arquitectura palafítica, como se vive dentro del agua; es decir, sales de la vivienda y no abordas un carro sino una canoa, con que materiales construyen para que no se pudra la madera y no se deteriore. Y lo que queda es una serie de interrogantes de como una persona acostumbrada a vivir en la ciudad y el pavimento… como lograría entrar en ese mundo tan desconocido. Son diferentes saberes.

Estos pescadores gracias a sus saberes ancestrales y su amor por su trabajo y medio ambiente, deciden no emigrar a la ciudad a convertirse en trabajadores asalariados, sino vivir en un paisaje de libertad.

 

Lugar de exposición: Museo de Antioquia y Jardín Botánico de Medellín.